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El Jazz es la única música en la que la misma nota puede ser tocada noche tras noche, pero cada vez de manera diferente.Ornette Coleman
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jueves, 3 de febrero de 2022

HABLEMOS DE LUVINA DE JUAN RULFO


 

La atmósfera que se describe en Luvina está impregnada de una esencia fantasmagórica y, al mismo tiempo, de una gran tristeza. Juan Rulfo, en este cuento, describe el ambiente del pueblo de San Juan Luvina, rodeado por la miseria y la muerte. Es un lugar en el que cualquiera que se atreva a cruzar sus límites vivirá sentenciado por la pesadumbre.

 

“Por cualquier lado que se le mire, Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara. Y usted, si quiere, puede ver esa tristeza a la hora que quiera” fragmento de Luvina de Juan Rulfo. 

Cuento breve de Juan Rulfo: Luvina | Gran relato corto latinoamericano

 

Luvina consume todo lo que pisa sus terrenos. Se chupa la vida y seca las almas de todo ser vivo. “Allá viví. Allá dejé la vida… Fui a ese lugar con mis ilusiones cabales y volví viejo y acabado”. En Luvina habita un viento que sólo arrastra un aroma de muerte, que aterroriza a todo aquel que lo escucha. Es como si el pueblo estuviera maldito. En ese lugar la vida está negada. Sus habitantes poseen una personalidad que confunde, como si fueran espectros que están condenados a habitar dentro del infierno; pero éste es un infierno terrenal.

 

San Juan Luvina es un pueblo lúgubre donde no hay cabida para la esperanza. Ahí todas las ilusiones están muertas, como las personas que alguna vez pudieron anhelar un suspiro de consuelo, y que en vez de dirigir su camino hacia una mejor existencia se tuerce, abruptamente, alrededor de la esperada muerte, esa muerte que es tan deseada por las personas que en ella ven el único medio para la liberación del gran sufrimiento que de Luvina nace.

 

“Nadie lleva la cuenta de las horas ni a nadie le preocupa cómo van amontonándose los años. Los días comienzan y se acaban. Luego viene la noche. Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una esperanza”.

 

La soledad de Luvina es dolorosa. Su paisaje, grisáceo. Pero el viento que emana del fondo de la barranca es el más temible. Es como si tuviera voluntad propia. El viento de Luvina es como el alma maligna del cerro que somete y aterroriza a sus habitantes. Este soplo gris que penetra hasta los huesos, que fulmina el espíritu de quien lo inhala, que apaga el color de la vida y lo maquilla dejando un tono de aflicción, es el ser que vive dentro de Luvina.

 

“Dicen los de allí que cuando llena la luna, ven de bulto la figura del viento recorriendo las calles de Luvina, llevando a rastras una cobija negra; pero yo siempre lo que llegué a ver, cuando había luna en Luvina, fue la imagen del desconsuelo… Siempre". 

 

Este cuento no sólo hace referencia a un mundo que se encuentra encapsulado en una dimensión que es temida por muchos, es la fatal realidad que viven día con día los hombres del campo, una realidad devastadora, como ese viento aterrador que ronda el pueblo de Luvina, y es el hambre y la miseria que viven los campesinos de nuestro país desde hace mucho tiempo y que al enfrentarnos a esa verdad por medio de la lectura nos parece escalofriante. Ese mismo sufrimiento lo transmite Juan Rulfo por medio de este maravilloso relato, y es que el hambre duele y la pobreza se convierte en un animal que devora todo lo que a su paso se encuentra y que desconoce sexos y edades.

 

Lo que en Luvina se exalta es la miseria de la existencia y el mejor remedio que existe para ese mal se encuentra en la no existencia, en la muerte; esa muerte que promete parar el sufrimiento de todos esos hombres y mujeres que deambulan por las calles del pueblo como ánimas en pena, que ni siquiera tienen rostro.

 

En Luvina ni la fe ampara a sus más fieles creyentes, no hay esperanza de nada. “Al atardecer, cuando el sol alumbraba sólo las puntas de los cerros, fuimos a buscarla. Anduvimos por los callejones de Luvina, hasta que la encontramos metida en la iglesia. Allí no había a quién rezarle. Era un jacalón vacío, sin puertas, nada más con unos socavones abiertos y un techo resquebrajado por donde se colaba el aire como por un cedazo” (página 175).

 

El pueblo de San Juan Luvina hace recordar esas regiones de México que viven subyugadas y relegadas por la extrema pobreza y que a pesar de ubicarse dentro del mismo territorio parece que habitan otro mundo. Zonas en las que sólo se pueden encontrar ancianos casi moribundos y mujeres solitarias acompañadas por sus pequeños hijos que desde muy temprana edad tienen que enfrentarse a las rudas labores del campo, para poder llevar el alimento necesario a sus bocas. Estas personas son las mismas que se enfrentan a esa atmósfera de miseria en la que la tierra ya no da más para sembrar porque se ha vuelto estéril.

 

Todo esto es Luvina, un poblado donde la vida ya no puede dar fruto alguno y la esperanza está muerta. Luvina no sólo es un cuento que parece relatar la historia de un pueblo fantasma, es la ficción literaria que nace de la brutal realidad. Es el retrato de una vida miserable.

 

sábado, 11 de diciembre de 2021

Hablemos de: "Carta de un loco" de Guy de Maupassant.



Carta de un loco

Guy de Maupassant.


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Querido doctor, me pongo en sus manos. Haga usted de mí lo que guste.
Voy a decirle con toda franqueza mi extraño estado de ánimo, y juzgue si no sería mejor que cuidasen de mí durante algún tiempo en una casa de salud, en vez de dejarme presa de las alucinaciones y sufrimientos que me atormentan.
Ésta es la historia, larga y exacta, de la singular enfermedad de mi alma.
Vivía yo como todo el mundo, mirando la vida con los ojos abiertos y ciegos del hombre, sin sorprenderme ni comprender. Vivía como viven las bestias, como vivimos todos, cumpliendo todas las funciones de la existencia, analizando y creyendo ver, creyendo saber, creyendo conocer lo que me rodea, cuando un día me di cuenta de que todo es falso.
Fue una frase de Montesquieu la que súbitamente iluminó mi pensamiento. Es ésta: «Un órgano de más o de menos en nuestra máquina nos hubiera dado una inteligencia distinta. En una palabra, todas las leyes asentadas sobre el hecho de que nuestra máquina es de una determinada forma serían diferentes si nuestra máquina no fuera de esa forma.»
He pensado en esto durante meses, meses y meses, y poco a poco ha penetrado en mí una extraña claridad, y esa claridad ha creado ahí la oscuridad.
En efecto, nuestros órganos son los únicos intermediarios entre el mundo exterior y nosotros. Es decir, que el ser interior que constituye el yo se halla en contacto, mediante algunos hilillos nerviosos, con el ser exterior que constituye el mundo.

Pero, además de que ese ser exterior se nos escapa por sus proporciones, su duración, sus propiedades innumerables e impenetrables, sus orígenes, su futuro o sus fines, sus formas lejanas y sus manifestaciones infinitas, nuestros órganos, sobre la parcela que de él podemos conocer, no nos suministran otra cosa que informes tan inseguros como poco numerosos.
Inseguros, porque únicamente son las propiedades de nuestros órganos las que determinan para nosotros las propiedades aparentes de la materia.
Poco numerosos, porque al no ser nuestros sentidos más que cinco, el campo de sus investigaciones y la naturaleza de sus revelaciones se hallan necesariamente muy restringidos.

Me explico: la vista nos indica las dimensiones, las formas y los colores. Nos engaña en esos tres puntos.
No puede revelarnos otra cosa que los objetos y seres de dimensión media, proporcionados a la estatura humana, lo cual nos lleva a aplicar la palabra grande a determinadas cosas y la palabra pequeño a otras, sólo porque su debilidad no le permite conocer lo que es demasiado vasto o demasiado menudo para él. De ahí resulta que no se sabe ni se ve casi nada, que el universo casi entero le queda oculto, la estrella que habita el espacio y el animálculo que habita la gota de agua.
Incluso aunque tuviera cien millones de veces su potencia normal, aunque viese en el aire que respiramos todas las especies de seres invisibles, así como los habitantes de los planetas próximos, todavía quedarían numerosos infinitos de especies de animales más pequeños y mundos tan lejanos que jamás alcanzaría.

Así pues, todas nuestras ideas de proporción son falsas porque no hay límite posible en la magnitud ni en la pequeñez.
Nuestra apreciación sobre las dimensiones y las formas no tiene ningún absoluto al venir determinada únicamente por la potencia de un órgano y por una comparación constante con nosotros mismos.
Hemos de añadir que la vista todavía es incapaz de ver lo transparente. Un cristal sin defecto la engaña. Lo confunde con el aire que tampoco ve.


Pasemos al color.
El color existe porque nuestra vista está hecha de modo que transmite al cerebro, en forma de color, las diversas formas en que los cuerpos absorben y descomponen, siguiendo su constitución química, los rayos luminosos que dan en ellos.
Todas las proporciones de esa absorción y de esa descomposición constituyen matices.
Así pues, este órgano impone a la inteligencia su modo de ver, mejor dicho, su forma arbitraria de constatar las dimensiones y de apreciar las relaciones de la luz y la materia.
Analicemos el oído.
Somos juguetes y víctimas, más todavía que en el caso de la vista, de ese órgano fantasioso.
Dos cuerpos, al chocar, producen cierta vibración de la atmósfera. Ese movimiento hace estremecerse en nuestra oreja cierta pielecilla que trueca inmediatamente en ruido lo que en realidad no es otra cosa que una vibración.
La naturaleza es muda. Pero el tímpano posee la propiedad milagrosa de transmitirnos en forma de sentidos, y de sentidos diferentes según el número de vibraciones, todos los estremecimientos de las ondas invisibles del espacio.
Esa metamorfosis realizada por el nervio auditivo en el breve trayecto de la oreja al cerebro nos ha permitido crear un arte extraño, la música, la más poética y precisa de las artes, vaga como un sueño y exacta como el álgebra.
¿Qué decir del gusto y del olfato? ¿Conoceríamos los perfumes y la calidad de los alimentos sin las propiedades peregrinas de nuestra nariz y nuestro paladar?
Sin embargo, la humanidad podría existir sin oído, sin gusto y sin olfato, es decir, sin ninguna noción del ruido, del sabor y del olor.
Así pues, si tuviéramos algunos órganos menos, desconoceríamos cosas admirables y singulares, pero si tuviéramos algunos más, descubriríamos a nuestro alrededor una infinidad de otras cosas que nunca supondremos por falta de medio para constatarlas.
Por lo tanto, nos equivocamos cuando juzgamos lo Conocido, y estamos rodeados de Desconocido inexplorado.
Por lo tanto, todo es inseguro, y puede apreciarse de diferentes maneras.
Todo es falso, todo es posible, todo es dudoso.
Formulemos esta certidumbre sirviéndonos del viejo proverbio: «Verdad a este lado de los Pirineos, error al otro lado.»
Y decimos: verdad en nuestro órgano, error en el de al lado.
Dos y dos no deben ser cuatro fuera de nuestra atmósfera.
Verdad en la tierra, error más lejos, de donde deduzco que los misterios vislumbrados como la electricidad, el sueño hipnótico, la transmisión de la voluntad, la sugestión y todos los fenómenos magnéticos sólo siguen ocultos para nosotros porque la naturaleza no nos ha proporcionado el órgano o los órganos necesarios para comprenderlos.
Después de haberme convencido de que todo lo que me revelan mis sentidos sólo existe para mí tal como yo lo percibo, y de que sería totalmente diferente para otro ser organizado de otro modo, después de haber llegado a la conclusión de que una humanidad hecha de otra forma tendría sobre el mundo, sobre la vida y sobre todo ideas absolutamente opuestas a las nuestras, porque el acuerdo de las creencias sólo deriva de la similitud de los órganos humanos, y las divergencias de opiniones provienen únicamente de ligeras diferencias de funcionamiento de nuestros hilillos nerviosos, he hecho un esfuerzo de pensamiento sobrehumano para suponer lo impenetrable que me rodea.
¿Me he vuelto loco?                           
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Me he dicho: «Estoy rodeado de cosas desconocidas.» He supuesto al hombre desprovisto de orejas y he supuesto el sonido como suponemos tantos misterios ocultos; el hombre constata fenómenos acústicos cuya naturaleza y procedencia no podría determinar. Y he tenido miedo de todo lo que me rodea, miedo del aire, miedo de la oscuridad. Desde el momento en que no podemos conocer casi nada, y desde el momento en que todo es ilimitado, ¿qué es el resto? ¿No es el vacío? ¿Qué hay en el vacío aparente?
Y ese terror confuso de lo sobrenatural que acosa al hombre desde el nacimiento del mundo es legítimo, porque lo sobrenatural no es otra cosa que lo que permanece velado para nosotros.
Entonces he comprendido el espanto. Me ha parecido que rozaba constantemente el descubrimiento de un secreto del universo.
He intentado aguzar mis órganos, excitarlos, hacerles percibir por momentos lo invisible.
Me he dicho: «Todo es un ser. El grito que pasa en el aire es un ser comparable a la bestia, puesto que nace, produce un movimiento y se transforma incluso para morir. Por lo tanto, el espíritu pusilánime que cree en seres incorpóreos no se equivoca. ¿Quiénes son?»
¡Cuántos hombres los presienten, se estremecen cuando se acercan, tiemblan con su imperceptible contacto! Uno los siente a su lado, alrededor, pero es imposible distinguirlos, porque no tenemos los ojos que los verían, o mejor dicho el órgano desconocido que podría descubrirlos.
Así pues, sentía en mí, más que nadie, a esos transeúntes sobrenaturales. ¿Seres o misterios? ¿Lo sé acaso? No podría decir lo que son, pero siempre podría señalar su presencia. Y he visto -he visto un ser invisible- hasta donde puede verse a esos seres.
Permanecía noches enteras inmóvil, sentado ante mi mesa, con la cabeza entre las manos y pensando en esto, pensando en ellos. De pronto creí que una mano intangible, o más bien un cuerpo inasequible, rozaba ligeramente mi pelo. No me tocaba, por no ser de esencia carnal, sino de esencia imponderable, incognoscible.
Pero una noche oí crujir el entarimado a mis espaldas. Crujió de un modo singular. Me estremecí. Me volví. No vi nada. Y no volví a pensar en ello.
Pero al día siguiente, a la misma hora, se produjo el mismo ruido. Tuve tanto miedo que me levanté, seguro, completamente seguro de que no estaba solo en mi cuarto. No se veía nada sin embargo. El aire estaba límpido y transparente en todas partes. Mis dos lámparas iluminaban todos los rincones.
El ruido no se repitió y fui calmándome poco a poco; sin embargo, permanecía inquieto y me volvía a menudo.
Al día siguiente me encerré a hora temprana, buscando la forma en que podría conseguir ver lo Invisible que me visitaba.
Y lo vi. Estuve a punto de morir de terror.
Había encendido todas las bujías de mi chimenea y de mi lustro. La habitación estaba iluminada como para una fiesta. Sobre la mesa ardían mis dos lámparas.
Frente a mí, la cama, una vieja cama de roble con columnas. A la derecha, mi chimenea. A la izquierda, la puerta, con el cerrojo echado. A mi espalda, un grandísimo armario de luna. Me miré en él. Tenía unos ojos extraños y las pupilas muy dilatadas.
Luego me senté como todos los días.
La víspera y la antevíspera el ruido se había producido a las nueve y veintidós minutos. Esperé. Cuando llegó el momento preciso, percibí una sensación indescriptible, como si un fluido, un fluido irresistible hubiera penetrado en mí por todas las parcelas de mi carne, sumiendo mi alma en un espanto atroz. Y se produjo el crujido, justo a mi lado.
Me incorporé volviéndome tan deprisa que estuve a punto de caerme. Se veía como en pleno día, ¡pero yo no me vi en el espejo! Estaba vacío, claro, lleno de luz. Yo no estaba dentro, y sin embargo me hallaba enfrente. Lo miré con ojos enloquecidos. No me atrevía a avanzar hacia él, sintiendo que entre nosotros se interponía él, lo Invisible, y que me tapaba.
¡Qué miedo pasé! Y he aquí que empecé a verlo envuelto en bruma en el fondo del espejo, en una bruma como a través del agua; y me parecía que aquella agua fluía de izquierda a derecha, lentamente, volviéndome más preciso segundo a segundo. Era como el final de un eclipse. Lo que me tapaba no tenía contornos, sino una especie de transparencia opaca que iba aclarándose poco a poco.
Y finalmente pude verme con claridad, como hago todos los días cuando me miro.
¡Lo había visto!
Y no he vuelto a verlo.
Pero lo espero sin cesar, y siento que mi cabeza se extravía en esa espera.
Permanezco horas, noches, días y semanas delante del espejo esperándolo. ¡Ya no viene!
Ha comprendido que yo lo había visto. Mas yo sé que lo esperaré siempre, hasta la muerte, que lo esperaré sin descanso, delante de ese espejo, como un cazador al acecho.
Y en ese espejo empiezo a ver imágenes locas, monstruos, cadáveres horribles, toda clase de bestias espantosas, de seres atroces, todas las visiones inverosímiles que deben acosar la mente de los locos.
Ésta es mi confesión, querido doctor. Dígame qué debo hacer.


FIN.

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Guy de Maupassant.

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El escritor francés, Henry Réne Guy de Maupassant nació en Dieppe, Francia, el 5 de agosto de 1850 y falleció en París el 6 de julio de 1893. Se formó literariamente con el escritor Gustave Flaubert y participó desde joven en su círculo literario. Se especializó en la narrativa breve, llegando a publicar más de doscientos cuentos a lo largo de su vida, de entre los cuales destacan Bola de sebo y El Horla. También escribió seis novelas cortas. Encuadrado en el naturalismo, su estilo es sencillo y realista, y transmite lo más sórdido y oscuro del comportamiento humano.

Hasta los trece años, Maupassant vivió con su madre, con quien tenía un estrecho vínculo debido al amor de ésta a los clásicos literarios y la pasión que inculcó a sus hijos por la lectura. Después marchó a estudiar al seminario de Yvetot, de donde fue expulsado, y que sería el origen de su particular aversión a lo religioso. Finalmente consiguió formarse con éxito en el Liceo Rouen.

Poco después de graduarse empezó la guerra franco-prusiana, guerra que serviría de contexto para muchos de sus cuentos y en la que Maupassant participó como soldado. Tras la guerra, ejerció de funcionario durante diez años, época que describe como aburrida y tediosa. Con el tiempo, y gracias a la influencia de Flaubert y otros escritores, llegó a ser editor de varios periódicos.

Al final de su vida fue cayendo en una paranoia grave que había desarrollado debido a la sífilis que padeció de joven. Tras intentar suicidarse, fue enviado al centro psiquiátrico del doctor Esprit Blanche, en París, donde falleció.





viernes, 5 de noviembre de 2021

 No te pierdas todos los días de lunes a viernes a las 13:00 (CDMX) la hermosa novela del maestro Gabriel Garcia Marquez: "El Amor En Tiempos Del Colera" Narrada por Emiraki Sevilla y entregada a tu reproductor de audio como novela ligera. y si te la perdiste puedes escuchar su repetición de lunes a viernes a las 19:00 (CDMX)

 


Pero eso no es todo.

Si te gustan las narraciones de misterio y terror o simplemente buscas algo diferente para escuchar antes de dormir, escucha el podcast de Noviembre Nocturno narrado directamente desde la septima luna del planeta Getafe de lunes a viernes al empezar la madrugada 00:00 (CDMX)

 
 

 

Te agradecemos mil y un veces todas tus visitas y escuchas.

lunes, 7 de junio de 2021

Anime y Literatura.

                         

 

El ánime​ es un término que engloba a la animación tradicional o por computadora de procedencia japonesa. En sus inicios, alrededor de 1900, ​ Es un medio de gran expansión en Japón, siendo al mismo tiempo un producto de entretenimiento comercial y cultural, lo que ha ocasionado un fenómeno cultural en masas populares y una forma de arte tecnológico.​ La relación del anime con el manga es estrecha, pues históricamente una gran cantidad de series y trabajos de anime se basan en historias de manga populares. Además, también guarda estrecha relación con las novelas visuales. El concepto de anime alude a la animación. 

 

                         


 

 

La noción, en este marco, se usa para nombrar a los dibujos animados de origen japonés, con ¨clases base¨ diseñadas para especificaciones sociodemográficos tales como empleados, amas de casa, estudiantes, etc. Por lo tanto, pueden hacer frente a los sujetos, temas y géneros mucho muy diversos. Así, los hay para niños, para estudiantes, para amas de casa, para apasionados del deporte…En concreto, entre las especializaciones más significativas están, por ejemplo, el anime kodomo (子供) , que es el que está dirigido al público infantil en general; el anime shojo (少女), que es el que está creado para satisfacer los gustos de las chicas adolescentes, o el manga shōnen (少年漫画) dirigido al publico de varones jóvenes, o El ánime Seinen (青年 ) que va dirigido a adultos varones y que se identifica por altos niveles de violencia y sexo.

El anime es un medio relativamente joven que ha ido evolucionando con los años. Y si ahora es raro que una serie anime adapte la historia de una novela clásica, hubo un tiempo en el que esto era muy común. A partir de los años setenta y, sobre todo, en los ochenta, estalló el boom animado, seguramente la mayoría o todos los que conformamos la generación X quienes disfrutamos y sufrimos con estas adaptaciones de los clásicos al anime en tiempos en que se transmitían por primera vez en televisión.

Los animes sobre clásicos de la literatura aumentaron considerablemente. Series como Heidi, Marco, Tom Sawyer o La isla del tesoro fueron solo algunos clásicos adaptados al medio. Estas series reinventaban estas historias universales dándoles un toque único y una moraleja clara para los niños.

A continuación unos cuantos de estos:

 

 


domingo, 24 de enero de 2021

Hablemos de : Sidharta

 




Este libro de Hesse está Ambientado en la India Tradicional es un acercamiento al mundo espiritual y nos invita a mirar hacia dentro de nosotros, Aunque el título del libro bien puede hacernos pensar otra cosa este libro no trata sobre la vida de Buda, es el nombre del personaje principal Siddhartha Casi inconscientemente el libro se divide en tres partes: 


Siddhartha joven: En busca de encontrar la iluminación Siddhartha el joven el hijo de un brahmán abandona su casa y con su amigo Govinda, les hablan de un maestro y su doctrina, escuchan de sus enseñanzas. Por ello se une a unos Samanas y van con ellos. Allí Siddhartha cree entender que la felicidad se encuentra en la sabiduría, y se va para escuchar la doctrina de Gotama cuando se cansa de estar entre los Samanas, siempre orando y escapándose del “yo” por momentos. Escucha la doctrina de este hombre y aprende una cosa que le será útil toda su vida, que la felicidad no se encuentra en la sabiduría y que no puede aprenderse por medio de profesores, sino por uno mismo. cree que la felicidad se encuentra en escaparse del “yo”, liberarse del “yo”. Siddhartha tiene entonces una breve plática con Gotama “el Buda” al que reconoce como un hombre superior, pero entiende que no aprenderá nada más de él, Govinda se une a los sramanas, sus seguidores y Siddartha vuelve a su peregrinar por el bosque.

viernes, 27 de noviembre de 2020

hablemos de: El Diablo a Todas Horas

 El Diablo a Todas Horas

Una novela verdaderamente intensa de una crudeza más bien desgarradora del norteamericano. Donald Ray Pollock, se sumerge en la depravación y fanatismo pintado de redención de sus personajes mostrando el lado más oscuro y violento de un país en recuperación de la guerra.


En el corazón de Ohio justo en la posguerra Willard Russell un veterano del pacifico sur traumado por la crueldad y la sangre  derrama toda su fé en una serie de sesiones de oración arrastrando

domingo, 26 de abril de 2020

Hablemos de: "El inmortal"


Empiezas a leer el cuento El Inmortal, de Jorge Luis Borges, y durante las 4 primeras líneas tienes que ir al diccionario por lo menos 3 veces. Hay que buscar dónde está Esmirna, quién era la Princesa de Lucinge y cuál es la Ilíada de Alexander Pope. Así es la literatura de Borges. Así se entra, tímidamente, a este cuento. El inmortal es el primer relato del libro El Aleph, aunque antes ya había sido publicado en la revista Anales de Buenos Aires en 1947. La narración empieza afirmando que el anticuario Joseph Cartaphilus ofreció la Íliada de Pope a la Princesa de Lucinge, quien, a su vez, encontró un manuscrito entre las páginas del libro. El manuscrito está narrado en primera persona por el tribuno militar Marco Flaminio Rufo. El cuento es la transcripción de este manuscrito (por lo menos hasta cierto punto). Una literatura adentro de la literatura. Lo cual, como es común en Borges, muestra una manera de tejer la narración a partir del hallazgo de un documento, un objeto literario que contiene una historia o las huellas de una historia. El Tribuno empieza de forma muy inusual: “Que yo recuerde, mis trabajos empezaron en un jardín de Tebas Hekatómpylos…”. Esto es interesante porque indica que este personaje, Marco Flaminio Rufo, recuerda desde que ya es adulto. ¿Qué quiere decir con “que yo recuerde mis trabajos empezaron en…”? Posiblemente es la manera en que Borges nos dice que aquel Tribuno no tiene una memoria clara de su vida antes de sus trabajos en Tebas Hekatómpylos. O simplemente, que no se puede confiar del todo en su memoria. Falible.
En esta ciudad llega un jinete moribundo, venido del Oriente, de un país de montañas, confesando que busca un río de aguas que curan, “el río secreto que purifica de la muerte a los hombres”. El tribuno

domingo, 24 de febrero de 2019

Cuento “La ley del Amor Áurico”




La ley del Amor Aurico.

          Azucena en un instante cruzo la sala y aún tuvo tiempo de arreglarse el pelo y poner su mejor sonrisa para recibir con ella a Rodrigo. Sonrisa que Rodrigo nunca vio, pues en cuanto puso sus ojos en los suyos se dio inicio al más maravilloso de los encuentros: el de dos almas gemelas, en el que las cuestiones del cuerpo físico pasan a ocupar un nivel inferior. El  calor de los ojos de los enamorados derrite la barrera que la carne impone y los deja pasar de lleno a la contemplación del alma, alma que al ser idéntica reconoce la energía del compañero como propia. El reconocimiento empieza en los centros receptores del cuerpo humano: los chakras. Existen siete chakras, a cada uno le corresponde un sonido en la escala musical y un color del arcoíris, cuando son activados por la energía del alma gemela, vibran a todo su potencial y producen un sonido. Obviamente en el caso de las almas gemelas cada chakra resuena y es al mismo tiempo el resonador del chakra de su compañero. Estos dos sonidos idénticos, armonizados, generan una sutil energía que circula por la espina dorsal, sube hasta el centro del cerebro,  y de ahí es lanzada hacia arriba, desde donde inmediatamente después cae convertida en una cortina de color que baña el aura de arriba abajo.

         Durante el apareamiento de almas, Azucena y Rodrigo repitieron este mecanismo con cada uno de sus chakras, hasta que el llegó el momento en que su campo áurico formaba un arcoiris completo y sus chakras entonaban una melodía maravillosa, parecida a la que emiten los planetas del sistema solar en su trayectoria. Existe una diferencia abismal entre los apareamientos de cuerpos de almas diferentes y los de cuerpos de almas gemelas. En el primer caso hay una urgencia por la posesión física, y por más intensa que llegue a ser la relación siempre va a estar condicionada por la materia. Nunca se lograra la comunión de almas por más afinidad que haya entre ellas. A lo más que puede llegar es a obtener un enorme placer físico, pero no pasa de ahí.

martes, 5 de febrero de 2019

Hablemos de: "La Tregua" de Mario Benedetti




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Portada de La Tregua.
La tregua es el diario personal de Martín Santomé, viudo de casi cincuenta años que incluso se diría que es una persona en apariencia gris y hasta cierto punto mediocre. 
La historia comienza el 11 de febrero cuando Martín Santomé escribe en su diario que sólo quedan seis meses y veintiocho días para la cada vez más pronta jubilación. Esta historia se presenta como una vida de rutina, de encuentros, de reflexiones, y fantasea, con la hora de que llegue el tiempo del ocio, de vivir sin la preocupación del trabajo, lo que implica también su temor a la vejez. Su vida diaria se da como una rutina tolerable como la de cualquier otro burócrata, entre el día a día en el trabajo y su mala relación con sus tres hijos, si bien el recuerdo de su difunta esposa lo hace un poco más “tolerable”. Martín Santomé se vuelve protagonista y narrador de su vida, que pareciera contemplar como una tercera persona, soñando con el cambio en su vida que impondrá la jubilación, aunque con cierto temor preguntando se qué hará con su tiempo de ocio, cómo enfrentarse a su pasado y a lo que quiso llegar a ser, cómo reconducir la relación con sus hijos. Esto se diluye, parcialmente cuando en sus propias palabras “Dios le concederá una tregua”, con la entrada de escena de Avellaneda, una joven que llega a la empresa, se presentan situaciones en que se va haciendo más y más constante en su mente la presencia de Avellaneda hasta que acepta el hecho de que algo hay en ella que le causa algo más que solo atracción curiosa. y poco a poco, comienza a sentir el amor, un amor que es correspondido y recíproco y que no solo les une cada vez más, sino que tiene efectos en él, en la manera en la que comienza a observar el pasado. Entiende aún mejor la relación que mantuvo con su difunta mujer y las piezas que compusieron su historia. Toda la historia gira en torno al valor de los recuerdos, el paso del tiempo, la inseguridad y sobre todo la felicidad. Ambos comienzan una historia de amor, en el sentido hondo de la palabra, en la que se ven y parecen felices hasta que la “tregua” a la que se refiere termina dando un vuelco total a la historia y volviendo a Martín a su oscura realidad. 

sábado, 10 de marzo de 2018

Pablo Neruda - Soneto XVII

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Lo Nacional Es Como Sonreír Con El Esfinter Anal

Les comparto este breve análisis de la vida según Jorge García Robles publicado en el complemento cultural del periodico La Jornada a mediados de los 90's


LO NACIONAL ES COMO SONREÍR CON EL ESFINTER ANAL

La épica me pica, la lírica me irrita, tu piel me descalabra. Oh silueta vergonzante que acuñas monedas en tu ¨coño monetario internacional¨ con créditos insolutos e intereses nivelados. Mujer de labios hirsutos, de flits y melodramas, No sabes nada de ti, soy la enciclopedia de tu vida, el diccionario de tus actos, has de consultarme para elegir tu camino, Sin mi te pierdes.



Soy como Fausto antes de que principie su historia, como Hamlet al momento de su muerte, como Jesucristo terminando de cenar. Tuve que despreciar profundamente al mundo para aprenderlo a amar. No tengo principios, por eso los puedo tener. No busco nada, dejo que las cosas me encuentren.



La mayoría de las personas me parecen estúpidas, hay quienes lo son  creen no serlo, son los mas estúpidos, hay quienes lo son y no les importa serlo, son los menos estúpidos. Yo soy un estúpido que no lo es, asumo mi estupidez con probabilidad, como una probabilidad totalmente viable de ser. Pero no me quedo en ella, A veces me harto de no ser un estúpido y retorno a serlo, descanso. Ser un estúpido es una delicia entonces, contemplo mi cuerpo y sus movimientos estúpidos, escucho mis palabras y sus frases estúpidas, después me canso y vuelvo a la cautela. También es una delicia entonces.



¿Porque me gusta tanto el olor de tus pies? Tus sienes color avena,  tus setas silenciosas, tu culo gris. Danzo cociéndome en el jugo de tu carne, en las pulpas encharcadas de tus ansias. Deslizo mi lengua por los acantilados de la tuya, por el desagüe de tus muslos, por tu paciencia y sus cartílagos, por los viaductos de tu boca, por las aristas de tus trabes ¿Por donde espurreas tanta belleza?



No necesito leer una sola frase para entender la condición humana y su historia ni libros o universidades para saber como se comporta el universo, si leyera o estudiara no entendería nada. No necesito telescopios o microscopios para conocer las cosas, me basta con dirigir la mirada al interior de mi cuerpo para entenderlo todo, mi método de conocimiento es cerrar los ojos y viajar a alta velocidad. El caso es que a veces no entiendo las cosas hasta que ellas me hacen entenderlas, siempre digo; no hay que entenderlo todo, aguanto cinco minutos. Después de nuevo al tropel. Me gusta el tropel porque se que en algún momento desaparecerá, me gusta la calma porque se que también en algún momento  desaparecerá también. No me deberían de gustar por eso, pero me gustan por eso. No lo puedo evitar, solo me importa lo que sigue y nunca se que es lo que sigue, todo se zurce inesperadamente.



Cefalia es bella por no saberlo, suculenta por su ausencia de apetitos, le sale flujo vaginal por las pupilas. Una caverna en la entrepierna, achongada por los hombros, aherrojadas las axilas, una abeja de nariz, un microbio de ombligo, zurra perlas, orina agua bendita, excreta flores. Tiene el cuerpo en forma de heno.



No creo en nada, nada me afecta; logre expulsar el melodrama de mi vida. La religión es la causa de la queja, del sollozo. Es su culpa que lloren los auto conmiserativos. Yo no me compadezco de nadie, de nadie. Puedo dar dinero a manos llenas a los indigentes sin apiadarme de ellos, puedo acompañar a un amigo en su dolor sin conmoverme en absoluto, me emociono pero en seco, me enamoro y no importa. Pero a veces lloro y me dreno, lloro y le acaricio el cabello a la vida, lloro feliz y entiendo el ladrido de los perros, el canto de los galgos, la risa de los niños, lloro y me lavo las vergüenzas. A veces creo entender a Cristo, pero no quiero ser cristiano, prefiero guardar silencio y azorarme con las cosas, sentarme y no hacer nada, pasar el día observando la plantas y el cielo.



Y es que tengo hambre de tus filetes estriados, de tu ombligo picoso, de tus salsas blancas, de tus huesos color pan, de tus carnes envueltas en pencas de agave, de tu alma ajuna. Tus gluteos y las partes blandas de la tortuga se asemejan, tus senos y la papada del cebú se emparentan. Oh cocinera de mi sexo que me obligas a ponerme a dieta cada vez que devoro tus viandas, nada me sacia, sigo con hambre, como y nada sucede, como y no excreto. Los recuerdos ya no rebotan, no me sueltan la mano, me dejan solo. Mi flora intestinal ya no me cree digestivo, quisiera que mi estomago me devorara, que mis dientes me arrancaran la piel, que mis nariz descubriera mis desganos.



Eres como un portafolio llena de cartas sin firmar, de cuentas por saldar. Y tu cuerpo liquido como tus muslos, plástico como tus glándulas , pineal como tus gestos, hectagonal como un rosario, mineral como las piedras. Vivo en la peor ciudad del mundo, un día moriré en el asfalto y nadie se enterará. No me importa, no necesito a nadie. Puedo vivir perfectamente solo acostado en mi cama. Pensando en los alquimistas medievales, absteniéndome sexualmente durante meses o masturbándome tres veces al día, puedo adorar a una mujer y abandonarla en el momento. Todo bajo mi voluntad, puedo escupirle al mundo o adorarlo y rendirme a sus pies, puedo ser acervamente vulgar o exquisitamente decente, puedo dejar que el dolor me haga pedazos o producirlo con absoluto calculo, puedo ser el mas humilde o el mas soberbio de los hombres. Es lo mismo, nada me es ajeno, no es posible danzar sin bajar de peso, sin fumigarse uno mismo.



Bien mi adorada ven, ten mi verga cárnica  esta suelta, atrápala. Viaje con boleto de ida, es de regreso no es seguro. Olvida tus abartulados lastres moralindes muévete sierpe abecedárica, muévete y goza como si el mundo se te metiera en el coño, como si una montaña te fornicara.



Las mujeres son bellas, ninguna otra cosa mas bella. Porque son cosas, mientras quieran ser mujeres serán cosas, cuerpos metidos en latas de conserva, vegetales humanos. Cuando renuncien a ser mujeres dejarán de ser cosas. El sexo no me importa, es demasiado simple. Tengo que ser modesto y no desear a Dios, tengo que ser humilde y aceptar mi condición humana. Así es la vida. como una sábana remendada, como una piscina a medio llenar, como la dureza de tus rodillas. La academia a muerto, viva la muerte. Todo está escarapateado, me estorba la gente. Quitense de mi camino, gente anódina. Estoy rodeado de vulgaridad, de piojosidad; los hombres no son iguales. Dios nos libre de la democracia, solo las razas son igual... de estúpidas, yo no soy igual a ustedes masuda gente, jamás lo he sido, jamas lo seré. Soy peor o mejor que ustedes, pero no igual, lo mismo ustedes, son peores o mejores que yo pero no iguales. Los tiempos modernos son los mas vulgares que han existido, los mas bajunos.



Adiós señores, pequeñas almas, los dejo con su chatarra vivencial. Oh cefalia que extraño la sonoridad de tus ronquidos, la sinfonía de tus agruras, el contrapunto de tus regurgitaciones. Tu habla era una función digestiva, dormías y parecías estar sentada en el excusado, eres como un botiquín lleno de medicinas con las etiquetas cambiadas. Así te amo, con los pelos púbicos hechos trenza, con los pelos de las narices salidos medio centímetro de las fosas, así manceba ubérrima, legumbre recién lavada. Un manto recubre tu piel, el de la intemperancia. Cefalia no es mexicana, nadie es mexicano, México no existe, ningún país existe, los países no tienen alma, solo las personas, las estrellas, los animales, las plantas. No las naciones, los partidos políticos, las asociaciones, las familias. El alma huye de ellos, de sus angosturas. Los hombres, no la humanidad tienen alma. Y es que es necesario aclarar ciertas cosas, como que resulta necesario aclarar ciertas cosas.



Exprimo una jerga pringosa, abro mi boca y dejo que el agua caiga en mi garganta, así es la vida me gusta, pero no tengo ataduras con las convenciones, el asunto con las convenciones esta en no creerlas, no en rechazarlas, las convenciones pueden servir de andamiajes, de instrumentos auxiliares, de soportes. Alguna vez probé quedarme en ellas, me metí hasta adentro de sus arcanos, me asfixié, salí corriendo, entendí que no tenía sentido criticarlas, que eso era darles demasiada importancia, que vivía invadido de convenciones pero era posible esquivarlas sin resentimientos, sin rencor, con destreza, con exactitud, menospre-ciandolas en silencio. Lo inferior ha de servir a lo superior.



Los espejos no mienten, delatan, son mudos, desnudan, son puros, no son nada en si mismos, inmaculados, viven para lo demás, son lo demás. Cada vez los recuerdos encajan mas a las siglas de tus muslos, rojos como las mandarinas de la luna, como los omóplatos del sol, como las tiras de lluvia. Amor consonante, amor calzonante, amor demudado de dierecis, amor acilindrado.



¿De donde sacaste ese olor a jaiba? me paso el tiempo rebanando tu recuerdo fregando los pisos de mi memoria, buscando un hueco donde gritar mi añoranza, ladrandole a Dios. Oh que me vuelto como el paté de higado de ganzo; fatuo, pancreatico, pambil. Estoy a punto de cortar mis lazos con el mundo pero a proposito retraso mi partida.



Cefalia, te dejo porque me envían señales de otros mundos, señales rutilantes. Las mujeres estorban, por lo general solo sirven para segregarles sustancias en su interior, para lamerles la piel, para escribirles poemas. Cefalia, no me sacian tus labios color purpura, tus ojos de retablo. Quiero ir mas allá de tus temblores, me asomo por ultima vez a tu cuerpo, me despido de tus hervores, luego el vértigo. Adiós militante del partido de la carne, adiós sabandija adorable, tengo que morir antes de renacer y luego vuelve el caos otra vez y le doy la bienvenida.


¿Que me importa en la vida? creo que Dios, creo que la magia, creo que todo lo que no se nombra, todo lo que no encaja en la anchura de las lenguas, dela... de la puerta. Frente a mi hay una puerta, me siento a contemplarla, me acostumbro a vivir a su lado, al cabo del tiempo me decido a abrirla, extiendo mi mano y siento la superficie cristalina, observo de cerca. No es una puerta, es un espejo.


miércoles, 8 de febrero de 2017

208 AÑOS DE EDGAR ALLAN POE

Edgar Allan Poe. 
El gran sueño del escritor, editar su propio periódico (que iba a llamarse The Stylus), nunca se cumplió.


(19 de enero de 1809 - 7 de octubre de 1849) Poeta, narrador y crítico estadounidense, uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos. 

La imagen de Edgar Allan Poe como mórbido cultivador de la literatura de terror ha entorpecido en ocasiones la justa apreciación de su trascendencia literaria. Considerado como el gran maestro del género, inauguró además el relato policial y dio las bases para el genero de la ciencia-ficción; pero, sobre todo, revalorizó y revitalizó el cuento tanto desde sus escritos teóricos como en su praxis literaria, demostrando que su potencial expresivo nada tenía que envidiar a la novela y otorgando al relato breve la dignidad y el prestigio que modernamente posee.







sábado, 9 de julio de 2016

hablemos de. "El beso de la mujer araña" de Juan Manuel Puig

Juan Manuel Puig Delledonne (General Villegas, Argentina, 28 de diciembre de 1932 -Cuernavaca, México, 22 de julio de 1990) fue un escritor argentino de relevancia mundial por sus novelas Boquitas pintadas, El beso de la mujer araña y Pubis Angelical.
Pasó su infancia en su pequeño pueblo natal y emigró a la capital argentina para llevar a cabo sus estudios secundarios. Después de iniciar diferentes estudios superiores, optó por formarse en la cinematografía, para lo cual se trasladó a Italia. No concretó su formación y terminó realizándose como escritor. Vivió en Roma, París, Londres, Estocolmo, Nueva York, Río de Janeiro y Cuernavaca. Es autor de ocho novelas y cuatro obras de teatro, además de relatos breves y guiones cinematográficos. Es muy reconocido por su uso de la polifonía literaria y el monólogo interior.1
Aunque desde la pubertad se asumió como homosexual, escribió y militó respecto a este tema, llegando a declarar que algo tan «banal» como la sexualidad no puede definir la identidad de una persona y, por otro lado, opinó que la actividad de las agrupaciones homosexuales tendían a incurrir en el error de separar la cuestión homosexual de otras agrupaciones, comunidades o sectores sociales.2 Con todo, fue miembro fundador del Frente de Liberación Homosexual en 1971 junto al sociólogo e historiador Juan José Sebreli, el abogado y escritor Blas Matamoro y el poeta y escritorNéstor Perlongher.3


Manuel Puig expresa en esta obra, la represión de ideologías y falta de libertad surgieron por el contexto histórico en el que sucedió en aquel entonces, un momento donde los militares tomaron el poder, forzando a la gente a tener igual ideología y aquel que estaba en desacuerdo era eliminado. Asi como de la misma manera muestra la Soledad, angustia, amor, compañerismo, lealtad, dolor, peleas y reconciliaciones y odio a los represores.
El beso de la mujer araña relata acerca de dos hombres muy diferentes que sufren la injusticia de un mismo orden represivo que debido a la defensa de sus ideologías, son torturados y encerrados, produciéndoles distintos sentimientos surgidos por esto y por la impotencia de no lograr sus objetivos.
Uno de ellos se llama Valentín Arregui Paz (ideólogo y aspirante a revolucionario), quien se halla encerrado en la celda por pertenecer a un grupo de revolucionarios en contra del gobierno de aquel entonces. Él fue arrestado en una manifestación de guerrilleros. El otro encarcelado se llama Luis Alberto Molina acusado de corrupción de menores. Una persona muy sentimental. El crimen que ha cometido es completamente pasional, para  Molina los sentimientos están por encima de lo demás. Molina menciona constantemente que desea ser una mujer.
Molina solía todas las noches contar películas que él vio para que él y Valentín pudieran conciliar el sueño.Es por eso, además, que él considera buenas las películas que cuenta si tienen emociones fuertes, amores frustrados o no correspondidos, imágenes que conmuevan o estremezcan. Y por eso él quiere ser la heroína sufrida, que muere por una causa hermosa, como el amor) . Pero a Valentín, por el lado contrario, le gusta observar el trasfondo social de las películas que le cuenta su compañero de celda:
Las películas son importantes para ir observando poco a poco el proceso de transformación de ambos personajes. Las reacciones frente a las películas que Molina le contaba a su compañero cambian conforme avanza la novela: Al comienzo le escucha con interés y con el solo objetivo de entretenerse, mientras que Molina le cuenta las películas para hacerle ganar confianza y caerle bien a Valentín. El lazo entre ambos se fortalece cada ves mas a medida que avanza la novela. Las situaciones y la condición homosexual de Molina hacen que Valentín valla sintiéndose identificado con el aspecto sentimental de las películas. De ese modo la historia sigue haciendo mas cercana la relación de ambos hombres cosa que queda fraguada en el transcurso de la novela por los giros que da esta misma al ver la agresión recibida a uno o a otro de ambos hombres por su propio compañero de celda.
Lo que se muestra perfectamente es la dualidad y el gran lazo que poco a poco se hace mas fuerte entre dos hombres tan diferentes. De esta dualidad nos habla Puig en su obra, en el pie de página, cuando nos dice que Las primeras manifestaciones de la libido infantil son de carácter bisexual” ; dado que la bisexualidad es un tipo de dualidad, y luego agrega que el ser humano ha desarrollado la heterosexualidad luego de haber asumido la superioridad del género masculino sobre el femenino, considerando indebido todo sexo que no sea heterosexual o genital .


Es en este punto en el que Valentín cambia casi completamente, y junto con Molina, ambos empiezan a contagiarse de manera más notoria. Valentín ya no tiene miedo de expresar lo que siente, se ha liberado de los complejos de la sociedad heterosexual y adopta a Molina como su pareja sexual.
Pero ahí no acaba todo. Valentín ha sido víctima del contagio por parte de Molina, quien lo ha arrastrado con su ternura femenina hacia el pasto de las emociones. Es ahora Molina el que debe aceptar ser llevado por Valentín hacia el campo de la lucha del pueblo. Sin embargo, este propósito no será un triunfo completo, pues Molina no lo hará pensando en la lucha popular, sino movido por el amor que siente hacia su preso amante.


Finalmente el amor los ha unido. Puig combina intencionalmente los rasgos de sus personajes con la intención de mostrar el aspecto doble del ser humano (la bisexualidad) Es al final una historia triste pero que refleja una realidad muy dura que atravesó la Argentina en ese entonces.